En el año 2020, en medio del torbellino de mi vida y de una profunda introspección, nació en mí el deseo irrefrenable de cambio. No un cambio externo, superficial o impulsado por las circunstancias, sino uno profundo, uno que brotara del alma. Sentía un vacío persistente y desgarrador que ni el tiempo ni las ocupaciones lograban disipar. Sabía, en lo más profundo de mí, que ese vacío tenía nombre: el duelo. Llevaba casi una década sobreviviendo a la pérdida más dura que puede vivir una madre: el asesinato de un hijo.
Hice de todo para encontrarme: cambié de entorno, cursé estudios, probé nuevos caminos. Pero nada me hacía sentir en plenitud. Y aunque siempre he estado vinculada a causas sociales y al activismo —que tanto bien me ha hecho—, sentía que podía dar más, que debía dar más. Había una voz dentro de mí, insistente, que me decía que aún no había hallado mi propósito.
Fue entonces, una tarde de enero de 2024, en una clase de diseño gráfico, cuando sucedió algo inesperado. Estaba trabajando sobre un lienzo lila y, casi de manera intuitiva, escribí tres palabras: Mujeres de Élite. El profesor me preguntó qué significaban, y respondí: “No sé, pero suena a nombre de revista”. En ese instante, algo hizo clic en mi interior. La chispa se encendió. Esa noche no dormí. No podía dejar de pensar en esas palabras y en lo que podrían significar.
Días después, regresé a clase con una determinación nueva. Me enfoqué en aprender, en investigar, en absorber todo sobre el mundo editorial. No pasaron ni dos meses antes de tenerlo claro: esa sería mi revista. El nombre no cambió. La esencia tampoco. Mujeres de Élite sería un espacio para contar las historias de mujeres reales, valientes, que han caído y se han levantado, que han llorado en silencio y aún así se han puesto en pie para seguir luchando.
Hoy, al celebrar nuestro primer aniversario, miro atrás y no puedo evitar conmoverme. Cada historia publicada ha sido también mía. He llorado con cada testimonio, con cada relato de pérdida, pobreza, desesperanza, pero también de coraje, dignidad y superación. He visto en estas mujeres no solo inspiración, sino una profunda verdad: las cicatrices también construyen belleza.
Con Mujeres de Élite he cumplido un sueño largamente gestado. He encontrado mi sitio en la vida, un lugar donde puedo ser útil, auténtica y libre. Esta revista no solo narra mi historia, también escribe el legado de muchas otras mujeres que, como yo, han convertido el dolor en poder. En cada página se construye memoria, identidad, y, sobre todo, esperanza.
Mi mensaje de hoy es de inmensa gratitud. Gracias por acompañarnos durante este primer año. Gracias por cada lectura, cada palabra compartida, cada gesto de apoyo. Este no es solo mi sueño ni mi logro: es el de todas las personas que creen en el poder transformador de una historia contada con el alma.
Y sobre todo, gracias a ti, querido lector y lectora, que mes a mes abres nuestras páginas con la misma emoción que sentimos al escribirlas. Porque esta historia la estamos viviendo juntos.




